domingo, 6 de septiembre de 2009

Abuelo

Son 85 años los que le cuelgan en forma de pliegues por todo el cuerpo al abuelo. Se sienta en un sillón antiguo que da a la ventana en su casa que ahora juega a ser museo de todas las fechas que son recordadas en fotografías, muebles,tejidos, lozas y alfombras que se reunen a contar la historia de su vida. Se pega observando el patio que cambia lentamente con los días, observa esos milagros caseros que no se publican en el Vaticano, pero que son sin duda, un meñique de Dios. Con todos las horas que carga y con todas las que le faltan por sobrellevar, el abuelo pierde la sensatez, por eso ahora su hijo mayor lo vistió bien abrigado, gorro, guantes y una manta que lo guardan en un paquete compacto de piel para llevarlo a un lugar donde lograrán contener sus espasmos de héroe y villano que lo invaden y lo raptan al inconsciente. Cuando camina se mueve frágil y apoyado del hombro de su niño crecido flota por el piso de madera, por el pasillo hasta llegar a la puerta. La mujer con cara de virgen María le devuelve la mirada a sus ojos vacíos, sufre en la humedad de sus mejillas pálidas y en el mar que aun no se agota en sus ojos. Ella abre la puerta para que lleguen al automovil.
El frío de la noche al golpear el rostro del abuelo lo amorfa abruptamente, sus cejas se levantan entre las arrugas y lo que era una nube en sus pupilas se profundiza en un túnel oscuro que vuela a su infancia.
Las calles de tierra y el olor a roció en las plantas le circulan por la sangre y con la claridad de hace veinte años ve como el mismo esta en el río donde sacaba agua, jugaba solo un rato, su papa lo había mandado a trabajar temprano para ayudar en la casa, siente su ropa sucia pegada al cuerpo de preadolescente, el sonido del agua correr, los pies en las piedras. Todo volvió con el olor de esa oscuridad que ha estado en él hace tanto. Lo sacudió como un estornudo y así como vino se fue caprichoso. Siguió caminando hacia su destino ahora en manos de extraños, con la nube en sus ojos cerrando la lucidez y robandole el orgullo y con su hijo con la mandíbula apretada recorrían el sendero que le parecía ser el mas traicionero hacia su padre.

1 comentario:

La Decapitada dijo...

No sabes cómo me llegó tu relato...hay un parrafo que debes corregir porque Vaticano se escribe con v no con b pero que me da un cosquilleo en la espalda.
" Se pega observando el patio que cambia lentamente con los días, observa esos milagros caseros que no se publican en el baticano, pero que son sin duda, un meñique de Dios"., como se te ocurre esa metáfora, me regresaste la alegría de enseñar!!